Una Rut Colombiana
- 25 jul 2020
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Actualizado: 20 ene 2022
Ese día amaneció muy callada la mañana, en el momento en que Noemí seguía asimilando que lo había perdido todo. Qué podría pensar ella si tan solo tenía 12 años y ya se enfrentaba con una pérdida que la dejaría vulnerable e indefensa en un tiempo de tanta pobreza de la región. Nadie se encargaría de una niña como ella…estaba completamente desamparada. Noemí creció en Popayán, la capital del Cauca. Pero cuando ella era más pequeña, sus padres, hermanos y ella se habían mudado al Palo, una vereda a unas cuantas horas de la capital, porque esperaban poder mejorar su economía allí. Eran las 9 de la noche el día en que se enteró que sus padres y sus dos hermanos mayores no llegarían a casa. Su familia había muerto. Las únicas personas que podían responder por ella y velar por su bienestar ya no estaban. Noemí, no conocía ningún familiar cercano, a excepción de sus dos cuñadas, Orfa y Rut. Rut era una sobrina del jefe del frente guerrillero de la zona, era amiga de la familia y esposa de uno de los hermanos de Noemí. De hecho, esa noche en que Noemí lo perdió todo, Rut y Orfa estaban con ella.
Después de llorar su pérdida, Noemí quiso devolverse a Popayán, porque siendo su tierra de origen podría buscar algún tipo de ayuda de alguien o quizás un familiar lejano. Pero era tan solo una niña… les dijo a sus cuñadas que se iría sola, pero Rut no se lo permitió. Rut le dijo que no se alejaría de ella y que la acompañaría más allá de lo que la muerte se lo permitiera. Rut no estaba dispuesta a dejar a Noemí sola. Noemí le insistió a Rut que la dejara, porque era consciente de que Rut no era responsable de ella. Rut era una mujer joven que podía seguir con su vida y prosperar estando sola. De hecho, podría irse con sus familiares en la guerrilla y estar bien. En tales circunstancias, Noemí no tenía donde quien recurrir en medio del conflicto armado y la crisis económica de la región. Estaba desamparada… pero Rut no quiso alejarse de ella.
Siendo así, ambas emprendieron su viaje a Popayán, donde se escuchaba decir que había buenos trabajos y “buena paga” en el trapiche Panelero. Noemí no tuvo que irse sola, a pesar de que su vida estaba desolada… estaba acompañada y tenía alguien a su lado. Cuando llegaron a Popayán, las personas hablaban entre sí sobre Noemí, pues se preguntaban si esta era aquella niña que hacía unos años había salido de allí con sus padres y hermanos. Noemí siempre fue una niña alegre, llena de vida, pero su semblante se había tornado gris, amargado. Existía la incógnita entre la gente sobre si este color grisáceo se debía a sus pérdidas o a que ella ya había cambiado. Todo esto se observaba de Noemí en medio de su desolación.
A pesar de las circunstancias de la familia, Noemí creció en un hogar con ferviente temor a Dios, y se había convertido en una mujercita que amaba a Dios. En medio de su trágica historia y su evidente amargura, Noemí seguía creyendo en el amor de Dios por ella. De hecho, cuando llegó a Popayán y muchos se acercaron a ella a saludarla, ella afirmaba que, aunque estaba en un tiempo gris de su vida, estaba segura que Dios había propiciado esas circunstancias y que, si quiso amargarle la vida fue porque el soberano así lo dispuso. Noemí estaba aferrada a su fe aún en medio de su dolor y en medio de la falta de claridad de la situación de su vida. Admirable actitud de una sobreviviente como lo era Noemí.
El trapiche Panelero en Popayán estaba en necesidad de cortadores de caña para la temporada. Rut, por haber crecido en el Palo y con familia que trabajaba la caña de azúcar, pudo comenzar a trabajar allí. Pero rondaba por ahí el chisme de que era de familia “del monte”. El dueño del trapiche, Booz, notó la presencia de esta bella joven, y comenzó a indagar entre sus subalternos sobre la historia y conducta de esta mujer. Sus empleados le contaron que era una joven de familia guerrillera que había venido acompañando a la huérfana Noemí, desde el Palo, después de su trágica pérdida. También le comentaron que desde que solicitaron cortadores de caña, ella era una de las mejores trabajadoras, trabajando la jornada diurna completa sin descanso.
Booz era un líder comunitario, un pilar de la comunidad de Popayán. En medio de su rol y de ahora tener mayor conocimiento sobre la historia de Rut y Noemí, comienza a mostrar un especial amor y misericordia por la situación de estas dos mujeres desprotegidas. Como reflejo del amor de Dios por Rut y Noemí manifestado a través de Booz, este último le dice a Rut que no se preocupe por buscar otra fuente de ingresos u otro trabajo, pues puede contar con su puesto seguro en el trapiche. Después de este acto de bondad, Rut en llanto le pregunta a su jefe porqué estaba teniendo un trato como tal con ella aun cuando sabía que su familia era “del monte”. Bueno pues, lo que le responde Booz es que él ha sabido lo que Rut ha hecho con Noemí y reconoce su valor. De hecho, la actitud de Booz es de honrarla con sus palabras y sus acciones. Booz exalta que Rut prefirió dejar su tierra por amor a Noemí, aun sabiendo que Noemí no podría brindarle ningún tipo de sustento, sino que iba a ser al contrario. Booz elogia a Rut por sus decisiones y la bendice al declarar que sea Dios quien recompense su obra. Además de esto, Booz declara en medio de sus empleados que no avergüencen a Rut, y que no la molesten. En suma, facilita la alimentación de tanto de Rut como de Noemí, al darles mercados y regalarle parte de las cosechas para su sustento.
Curiosamente, como este mundo es un pañuelo, Booz era un familiar lejano de Noemí. Era un tío abuelo de su papá. Esto también permitió que Booz tuviera un rol más intencional en la situación de Noemí y de Rut. En medio de este tiempo que estuvieron allí, los acercamientos entre Booz y Rut comenzaron a traspasar lo laboral… hasta el punto en que ambos podían percibir que había algo más.
Noemí misma alentaba y molestaba a Rut con Booz… y le decía que podía ser él quien las ayudara a salir de su situación. Y bueno, de hecho, ya lo estaba haciendo. Pasando el tiempo, Booz reconoce a Rut como una mujer virtuosa y dueña de su afecto, y decide casarse con ella. Booz y Rut formaron una familia con Noemí incluida. Gracias a esta unión, y al acompañamiento de Rut con Noemí, esta pudo tener un resto de niñez sana, y una juventud agradable… llena de alegría nuevamente y de muchas oportunidades para no perderse en el mundo. Pudo estudiar, crecer, aprender y desarrollarse como persona. Estuvo acompañada y fue redimida. Fruto de la vida de Noemí es que su familia, hijos e hijas se convirtieron en pilares de la sociedad, no solo de Popayán sino de otros lugares. Surgieron de ella líderes sociales que velaban por el bienestar de muchos otros refugiados, exiliados, heridos y lastimados… se tornaron en rayitos de esperanza para muchos lugares en la nación colombiana y en el mundo.
-Carolina Pineda Arcila-




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