Rut la Antioqueña
- 2 nov 2020
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Actualizado: 20 ene 2022
Rut era una mujer campesina de la región de Antioquia, ella y sus 7 hermanos pasaban los días cosechando flores, sembrando papa y yendo a jugar en la quebrada. Esta bella situación fue interrumpida por un repentino y abismal despliegue de la violencia en su región, pues, militares, paramilitares y el ejército nacional solían llegar a su región para asesinar a quienes hayan colaborado con otro grupo armado. Pese a ello, Rut conoció a un hombre espectacular, y con la aprobación de su familia, se casó.
Un día, Rut y su esposo fueron a visitar a los padres de Rut y sus hermanos. Quisieron celebrar preparando un sancocho de gallina, dado que, sus padres cumplían sus bodas de oro. Tal fue el evento, que los suegros de Rut fueron invitados, y ellos, invitaron el resto de la familia. Además, como había menguado la violencia en la región, no dudaron en lo más mínimo, de llevar un buen garrafón de cerveza, y música guasca para bailar. No había pasado una hora, cuando los vecinos del pueblo se unieron a la parranda, al punto que, las autoridades empezaron a preocuparse mucho por la reunión.
Pues, el gobierno decía que el último grupo armado que había adquirido el control militar de la región, fueron los guerrilleros. De modo que, pasadas las 5 horas llegó un grupo armado que, haciéndose pasar por paramilitares, sacaron a los hombres de la reunión, les apuntaron ordenándoles que se cambiaran las ropas, y los mataron a todos.
Entre gritos, sollozos y llantos, todas las mujeres del pueblo empezaron a correr, a unas las secuestraron, otras las violaron, pero yo y mi suegra logramos escapar a tiempo. Pues, mi suegra era una católica devota y se salía de las fiestas cuando llegaban al descontrol. En ello, la quise acompañar porque mi madre también lo era, y aprendía mucho de su fe y religión. Pese a ello, cuando vimos de lejos que habían puesto a los hombres en fila, y estaban vestidos como militares, supimos que nos quedamos sin parientes.
En nuestra pena y dolor, sabíamos que lo último que podíamos hacer, era perder tiempo para correr del lugar. Nos fuimos bajando por la quebrada que terminaba en un río, y bajamos derecho, porque cuando esos asesinatos pasaban, agarraban a todas las personas que encontraran cerca de la carretera. Habían pasado 3 días que bajábamos, hasta que llegamos a otro pueblo, en el cual, estaban celebrando porque los noticieros decían que, habían realizado un operativo en el que lograron acabar con un frente guerrillero de las FARC, en un pueblo cercano. Nosotras, en nuestra angustia al enterarnos que había sido el ejército, tuvimos que guardar silencio.
En ello, mi suegra fue a la notaría para cambiarse el nombre, pues, el registro de las propiedades del pueblo podía dar lugar a ser perseguida al no ser hallado su cuerpo. De modo que, decidió llamarse Dolores, porque no tenía otra razón para no llorar la pérdida de todos sus seres amados.

Así pues, ella me contó que tenía un primo segundo católico en la ciudad de Medellín que manejaba una pequeña empresa. Decidimos ir allí ya que, pese a que en la ciudad estaba el problema del narcotráfico, no había masacres evidentes, como en la situación de desprotección, en la que vivían los pueblos. Tuvimos que pedir un aventón y, gracias a Dios aquel río que habíamos pasado, estaba limpio porque el agua que bebimos no nos enfermó, pudimos enjuagarnos las lágrimas y lavar y secar las ropas con el calor antioqueño.
De este modo, llegando a la ciudad Booz, el primo segundo de mi suegra, nos recogió, y empezó a contarnos las historias que vivió de pequeño con la prima de su papá, es decir, Dolores. Entonces, le contamos lo sucedido, y en una gran pena llegamos a su casa, dejándonos nuestro espacio para hacer nuestro duelo.
Pasados unos meses, se destapó el escándalo de los falsos positivos en nuestro pueblo, pues, la región había quedado desierta, y muchas mujeres levantaron su voz en la plaza de la gobernación de Antioquia. Nosotras, sentimos un gran alivio porque no tuvimos que salir a arriesgarnos a que nos mataran, sin embargo, esas mujeres habían recibido muchas amenazas. Pese a ello, se capturó algunos responsables de la masacre, y supimos que, Dolores podía volver a tener acceso a sus tierras.
Booz me dio trabajo, y me la pasaba muchas noches contando las historias de la familia con mi suegra. Pero, un día, mi suegra me ofreció un plan, que si bien, había recuperado un poco de nuestra dignidad teniendo empleo, debíamos buscar los medios para no tener que volver a ese lugar de violencia. Mientras tanto, Booz y yo solíamos reírnos mientras trabajábamos y se dio una conexión particular, pese a ello, quise mantener el “Arrocito en bajo.”
Habían pasado unas semanas, y mi suegra se le ocurrió una disparatada idea. Que, quien opte por casarse conmigo, le daría las tierras, dado que, Dolores me había adoptado y amado como a su hija. En ello, me sentí mal porque me sentía en venta. No obstante, Dolores se había convertido en mi madre y mi abuela, y aquella región se había vuelto obsoleta y peligrosa para nosotras. Pues, muchas de esas mujeres que denunciaron, terminaron siendo líderes sociales asesinadas en el país.
Un día, Dolores me preguntó por qué no le confesaba mi amor a Booz, yo le respondí que tenía miedo que me rechazara. No obstante, me insistió tanto que, decidí por “Sacar los trapitos al sol”. Un día, para volver a la casa, en vez de irme en Metro, me subí al auto de Booz y me le declaré, sin antes decirle que, debía comprar las propiedades a Dolores si quería casarse conmigo. En ello, Booz dijo que lo pensaría, pues, pese a que era viuda, tenía una gran afinidad y respeto conmigo, dado el buen testimonio que daba en mi trabajo, y en el hogar.
No obstante, Booz me preguntó si quería conocer al primo, y dado que, había pasado un tiempo en que no me decía nada por estar disque “pensando”. Acepté, pese a ello, Booz creía que el primo seguía soltero por que la última vez que lo había llamado, tenía 40 años y mucho dinero, así, el dinero si alcanzaría para comprar esas propiedades. No obstante, el primo le dijo que se había casado y que sus hijos, le habían comido casi toda su fortuna, sin embargo, le daría un pequeño donativo para que Booz pudiera completar lo que le faltaba para comprar los terrenos de Dolores.
Así pues, resultó que Booz se demoró tanto en contestarme, porque estaba ahorrando lo que le faltaba para casarse conmigo. Pues, pese a la ausencia de valores en gran parte de los hombres de la ciudad, Booz era un hombre justo, derecho y recto, ferviente y devoto católico que nunca tendría relaciones antes del matrimonio. De este modo, cuando llegué al hogar y le conté a Dolores, se alegró tanto que partimos para la iglesia a la que íbamos todos los domingos para casarnos.
Pasado el tiempo del curso prematrimonial, hicimos una celebración, invitamos a la familia de Booz y algunos vecinos, e hicimos pública nuestra relación ante el Señor. De este modo, Booz adquirió las tierras, mi suegra ahora estaría completamente segura en la ciudad, pues, era mi madre, y la cuidaría hasta su muerte. Yo conseguí trabajo, y pese a las dificultades que traía este país, pudimos sobreponernos, y luego de muchos años, ayudamos a la reedificación del pueblo.
Juan Pablo López Sacristán



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