Eran los desposeídos, los desamparados.
- 3 ago 2020
- 3 min de lectura
Actualizado: 20 ene 2022
“Los hombres continuaron hacia adelante. Eran los desposeídos, los desamparados,
los olvidados. Eran los seres famélicos que luchaban contra la injusticia. Venían desde las
garras de la miseria hasta los extremos sangrientos de la rebelión.” Esta es la frase final con
la que Fernando Soto Aparicio termina su libro titulado “la rebelión de las ratas”, que nos
narra la historia ficticia de Rudencio Cristancho, un campesino pobre que, como muchos
otros, por la desigualdad y la ambición, termina asesinado y pisoteado en una rebelión por
parte de los pobres contra la clase alta de la sociedad.
Colombia no es ajena a esta realidad, sino que antes bien, esta historia ficticia sirve
como un perfecto ejemplo para ilustrar la situación real que desde hace infinidad de años se
viene presentando en Colombia: la desigualdad, y es tan así que Colombia ha sido
designado como el segundo país más desigual de América Latina y el séptimo del mundo,
¡el séptimo del mundo! Yo no sé tú, pero a mí me da mucho para pensar cómo ciudadano y
como cristiano el vivir en medio de un país en el que el rico sigue enriqueciendo y el pobre
continúa ‘pelao’, y es que ni el gobierno ni las élites tienen un verdadero interés en ayudar a
los pobres a salir de esta situación, sino que en muchos casos la brecha entre pobres y ricos
continúa aumentando.
Ahora ustedes se preguntarán, señor escritor ¿cómo sé que lo que me dices es
verdad? Pues procedo a responderte mi querido lector, los factores para que esta brecha se
haya dado son varios: se pueden pensar en los pésimos gobiernos desde los años 1990 hasta
nuestros días, los altos impuestos, la corrupción, o las crisis económicas que no ayudan a
que las clases bajas puedan tener oportunidades para mejorar económicamente, esto fue tan
marcado que en la década 1990-2005, los ricos ganaban 77 veces más que el escalafón más pobre de la sociedad, y por si fuera poco los pobres llegaron a ser 24,7 millones de
colombianos es decir el 59, 6% de la población total de Colombia. Estos vestigios siguen
hoy en día, con el sistema pensional, la salud y el desempleo, si esto no nos indigna ¿que
más lo hará?
Pero sabes, estimado lector ¿Quién también se indignó con una realidad similar a la
de Colombia? Sí señor, usted está en lo correcto: Jesús, y es por eso que en Mateo 19:16-
26, el Evangelista interpreta el tema de inversión de estatus en el Reino de Dios con
relación al uso de los bienes, advirtiendo a los ricos que su acumulación de riquezas viola la
ley de amar al prójimo.
La perspectiva de las riquezas y su obtención en el siglo I era una: los ricos se
hacían ricos a costa del pobre, ya que los ricos eran considerados codiciosos porque
dañaban a su prójimo, debo reconocer que esta perspectiva no solo es del siglo I, sino que
varios profetas del Antiguo Testamento critican de forma tajante a los ricos que se
aprovechaban de los pobres. (Am 4:1; 5:12; Jer. 5:26-28; 22:15-17)
Es en este contexto en el que Jesús se encuentra, un contexto judío de desigualdad
hacía los pobres, que al igual que Rudencho Cristancho, eran oprimidos y desechados, sin
una esperanza y una oportunidad de salir adelante por muy ‘berracos’ que fueran.
El joven rico que se nos narra en esta porción muy posiblemente era una persona
que obtuvo sus riquezas por medio de maneras deshonestas, por medio de corrupción o por
medio del aprovechamiento de los pobres, él se creía merecedor de todo y el versículo 20 es
una muestra de ello, pero Jesús, con su característica forma directa de decir las cosas, le
muestra que él cómo rico estaba obviando un punto fundamental para ser salvo: el amor
hacía el prójimo.
Querido lector rico: no seas como aquel joven que no pudo amar a su prójimo, sino
más bien da con amor, ya que Jesús tiene una recompensa aun mayor para ti cuando
cumples la ley del amor al prójimo, cuando des no los hagas de mala gana o por obligación,
sino que entenderás que con esto se ayuda a la sociedad y estarás cumpliendo la Palabra de
Dios.
-Camilo Toro Jaramillo-




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