“Justicia es agravio cuando no la aplica el sabio”
- Sacrarts
- 3 ago 2020
- 2 min de lectura
Actualizado: 20 ene 2022
La situación carcelaria en Colombia es otro de esos temas escabrosos donde el
gobierno parece hacerse “el de la vista gorda” como dirían por ahí “para pasar el buen
rato”. Deplorables espacios, violación de derechos, medicina precaria, hacinamiento,
juicios tardíos, alimentación para la que no se encuentra un adjetivo justo, y muchas otras,
son las que hacen “eterna” la lista de los problemas del sistema penal en el país.
Según los artículos 9 y 10 del Código Penitenciario, el objetivo de las penas en
Colombia es la rehabilitación y resocialización de los reclusos, pero si somos sinceros, nada
está más lejos de la realidad, y es que qué mejora puede tener alguien que vive en
semejantes condiciones. Quizás es hora de aceptar que responder ante el crimen con el
modelo de justicia de “el que la hace, la paga” (retribución) no es la mejor opción. El
contador de la reincidencia no desacelera su ritmo y nosotros, los colombianos, no estamos
para seguir aguantando el aumento de las cifras de delincuencia como si de un acumulado
de Baloto se tratara.
Quizás para encontrar una acertada respuesta ante el crimen sería buena idea ver
algunas historias de la Biblia que muestran que lo que normalmente es tomado como
antítesis (misericordia – justicia), realmente no lo es. Un jefe pagando a todos los
empleados por igual sin importar que unos trabajaran más que otros (Mt 20:1-16), un padre
celebrando el regreso de un hijo caprichoso (Lc 15:11-32), un dios mandando a su buen
hijo a morir por pecadores (Jn 3:15), un apóstol persuadiendo a su compañero de recibir a
su antiguo esclavo (quien lo había ofendido) como amigo y hermano en Cristo (Flm 1), nos
hace pensar que la finalidad de la justicia es restauración en vez de retribución.
Otro punto de vista para tener en cuenta es el de los demás países, ya que Colombia
no es el único en el mundo que lidia con el crimen. Nueva Zelanda, por ejemplo, ha
conseguido buenos resultados luego de implementar el modelo conocido como justicia
restaurativa, modelo que hizo su aparición en un intento de responder a las necesidades que
la justicia tradicional no estaba respondiendo. Este se ha caracterizado por prestarle
atención especial al innegable aspecto interpersonal del crimen. Aceptar el daño que cada
uno ha hecho, reconocer y compensar a las víctimas, restablecer las relaciones con todos los
implicados (familias, comunidad, víctimas), pedir y recibir perdón son algunas de las
dinámicas que la justicia restaurativa pretende impulsar.
Tal vez el actuar como Jesús permitiéndole a los Zaqueos (Lc 19:1-10) que
reconozcan las injusticias cometidas, que pidan perdón, y que se esfuercen por reparar a sus
víctimas arroje un mejor resultado que el que hemos tenido hasta ahora, al fin y al cabo, no
es mucho lo que podemos perder con intentarlo. Y es que, aunque usted diga que mi
planteamiento parece de Alicia en el país de las maravillas, y quizás sí, si no damos
permiso a los cambios, de este hueco no nos saca nadie, ni a la sociedad en general ni a los
presos. Así que, nosotros los cristianos que somos resultado de un Dios que ha pagado mal
con bien, por qué no nos animamos a tomar la iniciativa de mirar la justicia de una manera
diferente a la idea de devolver a cada uno lo que se merece, a ver si de una vez por todas
nos mostramos como ejemplo de que al ser más sabios hacemos menos agravios.
-Stephany Paola Diaz Borelly-




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