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“Justicia es agravio cuando no la aplica el sabio”

Actualizado: 20 ene 2022



La situación carcelaria en Colombia es otro de esos temas escabrosos donde el

gobierno parece hacerse “el de la vista gorda” como dirían por ahí “para pasar el buen

rato”. Deplorables espacios, violación de derechos, medicina precaria, hacinamiento,

juicios tardíos, alimentación para la que no se encuentra un adjetivo justo, y muchas otras,

son las que hacen “eterna” la lista de los problemas del sistema penal en el país.

Según los artículos 9 y 10 del Código Penitenciario, el objetivo de las penas en

Colombia es la rehabilitación y resocialización de los reclusos, pero si somos sinceros, nada

está más lejos de la realidad, y es que qué mejora puede tener alguien que vive en

semejantes condiciones. Quizás es hora de aceptar que responder ante el crimen con el

modelo de justicia de “el que la hace, la paga” (retribución) no es la mejor opción. El

contador de la reincidencia no desacelera su ritmo y nosotros, los colombianos, no estamos

para seguir aguantando el aumento de las cifras de delincuencia como si de un acumulado

de Baloto se tratara.


Quizás para encontrar una acertada respuesta ante el crimen sería buena idea ver

algunas historias de la Biblia que muestran que lo que normalmente es tomado como

antítesis (misericordia – justicia), realmente no lo es. Un jefe pagando a todos los

empleados por igual sin importar que unos trabajaran más que otros (Mt 20:1-16), un padre

celebrando el regreso de un hijo caprichoso (Lc 15:11-32), un dios mandando a su buen

hijo a morir por pecadores (Jn 3:15), un apóstol persuadiendo a su compañero de recibir a

su antiguo esclavo (quien lo había ofendido) como amigo y hermano en Cristo (Flm 1), nos

hace pensar que la finalidad de la justicia es restauración en vez de retribución.


Otro punto de vista para tener en cuenta es el de los demás países, ya que Colombia

no es el único en el mundo que lidia con el crimen. Nueva Zelanda, por ejemplo, ha

conseguido buenos resultados luego de implementar el modelo conocido como justicia

restaurativa, modelo que hizo su aparición en un intento de responder a las necesidades que

la justicia tradicional no estaba respondiendo. Este se ha caracterizado por prestarle

atención especial al innegable aspecto interpersonal del crimen. Aceptar el daño que cada

uno ha hecho, reconocer y compensar a las víctimas, restablecer las relaciones con todos los

implicados (familias, comunidad, víctimas), pedir y recibir perdón son algunas de las

dinámicas que la justicia restaurativa pretende impulsar.


Tal vez el actuar como Jesús permitiéndole a los Zaqueos (Lc 19:1-10) que

reconozcan las injusticias cometidas, que pidan perdón, y que se esfuercen por reparar a sus

víctimas arroje un mejor resultado que el que hemos tenido hasta ahora, al fin y al cabo, no

es mucho lo que podemos perder con intentarlo. Y es que, aunque usted diga que mi

planteamiento parece de Alicia en el país de las maravillas, y quizás sí, si no damos

permiso a los cambios, de este hueco no nos saca nadie, ni a la sociedad en general ni a los

presos. Así que, nosotros los cristianos que somos resultado de un Dios que ha pagado mal

con bien, por qué no nos animamos a tomar la iniciativa de mirar la justicia de una manera

diferente a la idea de devolver a cada uno lo que se merece, a ver si de una vez por todas

nos mostramos como ejemplo de que al ser más sabios hacemos menos agravios.


-Stephany Paola Diaz Borelly-





 
 
 

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