El Dios de la guerra protege a los gobiernos de paz
- Sacrarts
- 3 jun 2020
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Actualizado: 20 ene 2022
Era una época antigua, entre el exilio padecido y el lapso que costó retornar poco a poco a nuestras tierras. Pues, nos contaron que los imperios estaban debilitándose paulatinamente, de modo que, decían que podíamos volver a tener autonomía en la nación de Israel, pero eso no importaba. No sabíamos bien el por qué habíamos perdido el favor divino, y teníamos un profundo temor de volver a ser despojados de la tierra fértil que se nos había dado. Algunos nos preguntábamos, si fue porque nuestros antepasados instituyeron la monarquía como gobierno, o si fue por otra razón mucho más grave y problemática. Y, extrañando esta tierra fértil nuestros padres nos enseñaban que había sido un regalo de Dios, para nosotros, mientras caminábamos de retorno, algunos gritaban, ¿quién es el responsable de toda esta desgracia? ¿quién va a salvarnos de otro despojo? Lo cual, nos ponía la piel de gallina y todos callábamos. Pues, nos aterraba que nuestros padres tuvieran razón, al decir que, había sido su culpa, y la nuestra, la razón de tal bárbaro exilio.
Siempre se contaban historias antiguas del poder de un Dios omnipotente que gobernaba Israel, cuyo poderío, arrasó al mayor imperio de la época, y nos libró de ser sus esclavos. También, nos contaban con pesada carga, que fue por nuestra culpa toda esta tragedia. Ya que, muchos hombres afirmaban que no fue por elegir un gobernante que padecimos esta pena, sino, por haber desobedecido al Dios de Israel en la elección de quien quería que gobernara. Pues, este Dios de la guerra, exigía gobernantes de paz para que fuera él mismo quien luchara y nos defendiera. Pese a ello, la pena era que nunca quisimos a este ser omnipotente como nuestro defensor, pues, elegíamos hombres que batallaran por nosotros y que a la par, siempre eran insuficientes si no contaban con el favor del Señor. De modo que, nos enseñaban a toda la nación, que debíamos obedecer la Ley, y a vivir en arrepentimiento para que Dios fuera nuestro defensor. Dado que, este triste poderío humano que aparentaba protección, no nos dejó más que pena y deshonra, y dejándonos sin esa deseable protección del Dios omnipotente. Por ello, estos crudos relatos nos hacían pensar, ¿qué fue lo que causó que padeciéramos tal pena? Fue por elegir hombres con afán de sangre que fuimos despojados de nuestras tierras.
Es triste recordar que pudimos tener la maravilla de vivir en una tierra de paz y armonía, mientras ese Todopoderoso Dios guerrero, luchaba nuestras batallas y nos defendía. Pese a ello, y queriendo anhelar que pudiésemos haber vivido ello. Quise observar en el mundo, si hubo alguna nación que tuvo la dicha de elegir gobernantes pacíficos, y la alegría del Dios de la guerra como protector. Pero, poco a poco, con el pasar de los años fui muriendo y nunca encontré una nación que obedeciera. Entonces, cual viajero en el tiempo fui a buscar a través de los siglos y milenios una nación que se nos pareciera. La encontré muy lejos de nuestra tierra natal, pero siendo una de las tierras más fértiles y hermosas que nadie pudiera haber logrado concebir. Resultó ser una nación hermosa y trágica a la vez, resultó siendo llamada Colombia.
Aquella suave y hermosa nación, tan bella como mi tierra misma, resultó con gran cantidad de creyentes de este Dios de Israel, quien podía establecer su protección en esta tierra, pero, este pueblo nacido en sangre y bañado en esta misma gracias a la constante guerra, decidió subir gobernantes bélicos como nosotros. El pecado de nuestros padres repitiéndose indefinidamente rompió finalmente mi corazón, si cuando en nuestro exilio éramos muchos, esta nación de tener 2 millones de personas despojadas de sus tierras, pasaron a ser 8 millones por el trajín de la guerra. Creyeron que hombres con sed de sangre podrían defenderlos, pero muchos años de guerra con 2 millones de exiliados pasaron a ser chiste, con 6 millones más de despojados en solo 20 años. Vagando por el mundo observo con tristeza y lamento, que el Dios todopoderoso que arremete con fuerza en protección de los pueblos, ha sido despojado de su majestad. Los gobernantes pacificadores han sido rechazados y los hombres de guerra han tomado su lugar. Nadie defenderá, sólo Dios en su majestad, con la investidura de protector con gobernantes de paz, lo hará.
-Juan Pablo López Sacristán-




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