top of page

El burrito recochero

  • 25 jul 2020
  • 3 min de lectura

Actualizado: 20 ene 2022

Expectativa y realidad de la influencia paterna en los hijos.


En cierto lugar habitaban dos familias campesinas y una de ellas tenía un burro

grande y vigoroso, pero tenía un problema, era perezoso. La otra familia tenía una burra

buena y briosa pero era muy pequeña. Ante esto, los dueños decidieron hacer un cruce entre

estos dos animales para que el hijo saliera grande al padre y bueno y brioso como la madre.

Pasaron los 370 días de gestación de la burrita y llegó el momento esperado: nació un

burrito. Y después de cierto tiempo el animal ya estaba en la edad de trabajar, pero, ¡Vaya

sorpresa! El burrito salió perezoso al padre y pequeñito como la madre.


De esto puede decirse que hay una creencia generalizada en la sociedad de que los

hijos deben heredar algún rasgo característico de sus padres. Estos rasgos pueden ser

físicos, cognitivos, emocionales o conductuales. Pero no siempre se obtiene lo esperado.

Esto debido a que en este proceso intervienen una serie de factores biológicos, psicológicos

y sociales que llevan a los hijos a identificarse en algún aspecto con sus padres. Respecto a

los rasgos conductuales se puede decir que hay cierta predisposición genética del individuo

a modelar comportamientos y actitudes de su entorno más inmediato. Y en el caso de los

hijos varones, su tendencia es a imitar al padre; es un aprendizaje que adquiere por

observación. Y no es que los padres elijan de su repertorio conductual alguna conducta en

particular que quieran que sus hijos repliquen, pues la elección es un proceso que en la

mayoría de las veces se da de manera inconsciente, sabiendo que hay acciones de los padres

que son más significativas que otras y dejan huellas duraderas en el psiquismo de los hijos.


Tal es el caso que se presenta en la Biblia en 2 Samuel 13:1-22, donde Amnón, el

hijo mayor del rey David, viola a su propia hermana y luego la echa fuera de su casa. Pero

hay que saber que tiempo antes, el mismo rey David hay hecho lo mismo con una mujer

llamada Betsabé, a la cual abusó y envió devuelta a su casa. Respecto a esto uno se

pregunta ¿será que David quería que su hijo aprendiera esta conducta? Por supuesto que no.

Por ser Amnón su hijo mayor y por lo que esto implicaba en esos tiempos, mínimo le

estaba enseñado cómo gobernar y ser un buen rey. Sin embargo, como era uno de los hijos

que más cerca estaba de su padre y por ser el mayor, las conductas paternas lo afectaban

más que a los otros hijos. Esto a la vez evita el determinismo de preguntar que por qué los

otros hijos no hicieron lo mismo. Cabe aclarar que Amnón es culpable de su propio pecado,

pero se nota una marcada influencia de la conducta de abuso que su padre David tuvo en su

momento.


De todo lo anterior puede concluirse que son muchos los factores que inciden en la

estructuración de la personalidad de los hijos. Sin embargo, hay ciertas conductas paternas

que van a marcar su desarrollo. Y tanto la edad del hijo como lo que éste representa para

sus padres, lo hace más vulnerable a repetir alguna conducta paterna que fue significativa

para él. Pero en la mayoría de los casos los padres tienen tan altas expectativas en sus hijos,

que no se dan cuenta que algo que ellos hicieron mal en su momento, puede repercutir en el

desarrollo de sus hijos.


Como puede verse en los dueños del burro perezoso, ellos esperaban que el pollino

fuera grande y vigoroso como el padre, pero fue más marcada la conducta de pereza que el

rasgo físico en el hijo. En el caso de David, él no esperaba que la falta que cometió con

Betsabé fuera replicada por su hijo mayor y al darse cuenta de lo sucedido solo le quedó

lamentarse. Por eso hay que tener mucho cuidado con las conductas que se tengan en la

formación de los hijos, no sea que salgan como el burrito: perezoso al padre y pequeñito

como la madre.


-Eygler Villa Teran-





 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

¡Chatea con nosotros por Whatsapp!

bottom of page